A lo mejor hay que aceptar éste destino de zapatos ajustados y peinado formal.
A lo mejor hay que comer moderadamente, restringir el alcohol y usar SPF30 (o mayor) sobre todo en la carita.
A lo mejor hay que guardar una postura apolítica, no cantar los goles en un bar, nunca decantarse. ésto puede costar la pérdida de un potencial empleo de mierda o de un par de followers de avatar dudoso.
Hay que cuidar la foto que publicamos, usar frases cortas, resultar siempre ocurrentes, recursivos y alegres, a lo mejor.
También debemos considerar la posibilidad de hacer 20 minutos diarios de ejercicio aeróbico, aprender cuánto mide, pesa y caga un bebé a los tantos meses. así desarrollaremos fácilmente temas de conversación.
A lo mejor es muy amable de nuestra parte agradecer un cumplido que alguien hace a nuestra camisa, agregando que nos costó 20€ en rebajas, que si se da prisa podrá conseguir una igual. por solidaridad (y uniformidad).
A lo mejor si conocemos a alguien que nos interesa, lo sensato es decirle que no queremos ningún compromiso, justo igual que lo que esa persona desea. hasta podemos llegar a creérnoslo si nos concentramos en la idea.
A lo mejor hay que bajarle a la música, reírse disimuladamente y no gritar mientras se folla. debemos un respeto a los vecinos.
Y empezar a beber Coca Cola Zero.
Y no llamar negros a los negros ¿y decir "personas" y "personos"?
A lo mejor es la hora de que nuestro sueño sea una tele más grande o un crucero all-included.
A lo mejor es tiempo de plantearme qué coño es lo que perdería si no hago nada de lo anterior.
jueves, 18 de agosto de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
Crónica de un concierto anunciado / la bondad de las casualidades.
El batir de las alas de una mariposa: ¡Mandar "Las mejores entradas" a la mierda para ir a danzar con el vulgo!
Entonces...
1: Me empuja con una teta (sí, con una teta) una señora (gorda), por mi pésima condición de advenediza que usurpa visibilidad, disculpas, único espacio libre, muevo alfil, media canción, el Guiness Boy a mi lado se ha carnehuesizado desde mi virtualidad, sonrío, hace 5 minutos le reclamaba en mi formato B sus comentarios planetarios sobre el concierto.
2: Mi diminutivo cariñoso, giro, cara conocida/nombre olvidado hace gestos amables, pienso: "no hay impunidad en la embriaguez anónima, siempre llegará un enviado de Belcebú en el futuro a hacerte recordar las barrabasadas que dijiste". Test, sí, se acuerda de todo, mierda.
3: El gentil caballero de buena memoria está con la gorda que me empujó, ahora se llama Ana y me da 2 besos.
4: Al ver de cerca al cantante, se me vuelven a ocurrir las barrabasadas mencionadas con anterioridad (y nuevas). Qué gusto ejercitar el morbo cerebral.
6. El ser fantástico que fuma a borbotones me acompaña también en ésta Cruzada.
5: La última canción del concierto es la primera que suena ésta mañana en mi coche en un shuffle de más de 600.
Las coincidencias imbéciles no solucionan la vida, pero son un boost para seguirla por pura curiosidad.
domingo, 24 de julio de 2011
Canción animal
ven con pasos sinuosos, cuadrupeando
nota tus garras, recuerda que las tienes para rasgar
cuéntame tu historia a punta de gruñidos
da vueltas sinuosas a mi alrededor
aterrorízame, hazme saber que matas para saciar tu hambre
sin pensar en el cachorro hincas tu colmillo en la carne tierna y palpitante
bosteza y mírame como jactándote de que correrías más rápido que yo
hazme saber que el cuerpo te pide comida y no amor
nota tus garras, recuerda que las tienes para rasgar
cuéntame tu historia a punta de gruñidos
da vueltas sinuosas a mi alrededor
aterrorízame, hazme saber que matas para saciar tu hambre
sin pensar en el cachorro hincas tu colmillo en la carne tierna y palpitante
bosteza y mírame como jactándote de que correrías más rápido que yo
hazme saber que el cuerpo te pide comida y no amor
domingo, 17 de julio de 2011
De ella.
La capacidad que tiene el mundo para sorprenderme es ya harapienta y a pesar de eso me parece tan curioso que pasados ya un par de años y despues de tanto subir y bajar trenes juntos, casi lo único que recuerdo de Clemenzia -y que hasta puedo decir que sigue enterneciéndome- es que nunca le importó despeinarse.
Es así, después de mujeres y mujeres en mi vida (las de antes, después y durante Clemenzia) su esencia podría resumirse en ese detalle.
Creo que no sólo no le importaba, juraría que se despeinaba a propósito.
Recuerdo casi con amor una fiesta en la que las personas que compartían nuestra mesa hablaban del sol y la Bolsa mientras ella, abstraída, degustaba con sus ojazos el adorno de flores del centro. Hubo un segundo en que ya le fue imposible contenerse y deslizó su mano de aire, veloz entre las copas, para capturar del florero las astromelias y las margaritas. Un momento después nuestros
acompañantes callaban perplejos y para mi deleite pude ver a Clemenzia con la totalidad de las flores enredadas de alguna manera entre sus falsos rizos de la noche, tan Midsummer night´s dream, tan ida a su galaxia. En la mesa sólo quedó un manojo de hierbajos y un puñado de insulsos atónitos. También la recuerdo riendo porque el viento del faro le elevó el carísimo sombrero por los aires, la recuerdo con la boca abierta mirando como el absurdo círculo verde daba tumbos en el cielo espantando a las gaviotas.
O saliendo del mar malpeinada por las olas...y como se quedaba el resto del día así, con unos mechones imposibles que no hacían caso a ninguna gravedad y que parecían señalar las mil direcciones de sus maniacas ideas.
Me parece que cuando la dejé, después de mucho llorar, recogió todo su pelo en un moño alto y repeinado, que estiró con tanta fuerza que sus ojos enrojecidos quedaron completamente achinados. Se miró al espejo y salíó como se sale en éstos casos, de un soberano portazo.
Recogerse el pelo debió ser como su mudanza.
lunes, 13 de junio de 2011
Odiarás a:
1. Las personas que beben incesantemente de una botellita de agua, mohosa de tanto refill, que beben sin sed cada 4 minutos y después de cada sorbito mínimo hacen: "ahh!".
6. Los que usan puntos suspensivos para acabar toda frase escrita.
8. La gente que usa ropa fucsia y que emplea nombres de colores como: blanco roto, pistacho y azulón.
2. Y sobre todo, a aquellos que cuando te ven comiendo un yogurt o una galleta preguntan: "¿y te funciona?", es decir, todos aquellos que comen para cagar.
6. Los que usan puntos suspensivos para acabar toda frase escrita.
8. La gente que usa ropa fucsia y que emplea nombres de colores como: blanco roto, pistacho y azulón.
2. Y sobre todo, a aquellos que cuando te ven comiendo un yogurt o una galleta preguntan: "¿y te funciona?", es decir, todos aquellos que comen para cagar.
sábado, 11 de junio de 2011
Au revoir
Seria grosero hablar de vos, con las pocas palabras que me se y desde esta casa ajena y amable que usurpo con gentileza. Con este paisaje que no es el cotidiano colandose por la ventana y las faltas de ortografia en que incurro por pereza de buscar el simbolo correcto en lugar de intuirlo como siempre hago.
La cerveza es amarga.
Hoy me permito ser menos cortes, hacer mas silencios y no dejar a la calle que entre al edificio, me incito a no saludar en su idioma a los vecinos. Me autorizo para escupir desde la quinta planta, mear en una maceta e insultar a un pordiosero, en voz alta, incluso negarle una moneda mirandolo de frente.
Y me dejo sentir envidia y frio.
Siento, que la primavera egoista se empegna en que el verano no sacuda las nubes. A veces le gana, y llueve. Siempre pense que detras de tanta flor algo oscuro debe esconderse, es el eterno problema de las flores.
Y vos, que ya nunca oliste la primavera. Desde mi perspectiva no te perdiste mucho. En cambio un buen cielo azul de invierno si que te hubiera fascinado (porque todavia nos parecemos tanto!). Un invierno o un otogno rojizo, que para vos hubiera sido extragnisimo.
Los amigos, cobijados en el Palais de Tokio, gesticularan en lenguajes que en otro momento comprenderia. Uno con las ugnas de la mano derecha largas y afiladas, la lesbiana casi menor de edad que lo ama como si el fuera una hembra voluptuosa, la pareja que pondra paises entre ellos porque uno no quiere ir mas lejos con el otro (pero esto no es un problema, cenan juntos, duermen juntos...cosas de esta gente civilizada) y el ser fantastico que fuma a borbotones, sonrie y habla de Camboya.
Se ha confirmado que no la vere mas. Asi, como se confirma que alguien ha ganado unas elecciones presidenciales. Se confirma y se reconoce la victoria o la derrota.
Y yo solo quisiera poder contar las cosas de ella con alfabetos sin estrenar. Pero soy demasiado torpe.
Habria sonreido tanto en el paseo que di esta magnana...
(Odio usar puntos suspensivos, es buena la indulgencia de la tristeza).
La cerveza es amarga.
Hoy me permito ser menos cortes, hacer mas silencios y no dejar a la calle que entre al edificio, me incito a no saludar en su idioma a los vecinos. Me autorizo para escupir desde la quinta planta, mear en una maceta e insultar a un pordiosero, en voz alta, incluso negarle una moneda mirandolo de frente.
Y me dejo sentir envidia y frio.
Siento, que la primavera egoista se empegna en que el verano no sacuda las nubes. A veces le gana, y llueve. Siempre pense que detras de tanta flor algo oscuro debe esconderse, es el eterno problema de las flores.
Y vos, que ya nunca oliste la primavera. Desde mi perspectiva no te perdiste mucho. En cambio un buen cielo azul de invierno si que te hubiera fascinado (porque todavia nos parecemos tanto!). Un invierno o un otogno rojizo, que para vos hubiera sido extragnisimo.
Los amigos, cobijados en el Palais de Tokio, gesticularan en lenguajes que en otro momento comprenderia. Uno con las ugnas de la mano derecha largas y afiladas, la lesbiana casi menor de edad que lo ama como si el fuera una hembra voluptuosa, la pareja que pondra paises entre ellos porque uno no quiere ir mas lejos con el otro (pero esto no es un problema, cenan juntos, duermen juntos...cosas de esta gente civilizada) y el ser fantastico que fuma a borbotones, sonrie y habla de Camboya.
Se ha confirmado que no la vere mas. Asi, como se confirma que alguien ha ganado unas elecciones presidenciales. Se confirma y se reconoce la victoria o la derrota.
Y yo solo quisiera poder contar las cosas de ella con alfabetos sin estrenar. Pero soy demasiado torpe.
Habria sonreido tanto en el paseo que di esta magnana...
(Odio usar puntos suspensivos, es buena la indulgencia de la tristeza).
martes, 7 de junio de 2011
Lanzad al Enano!
Así que se utiliza un mono, que no un simio, que está atravesado por bandas del material peludo o del puyoso -hay 2 teorías sobre la seguridad al respecto-.
Una vez confeccionado el mono, que debe fabricarse en una tela gruesa pero llamativa , se instalan dos asas muy bien cosidas, una en la parte de la espalda, de hombro a hombro más o menos y otra de nalga a nalga...más o menos.
Así, el peso del enano quedará muy bien distribuido para aquel deportista que deba elevarlo por los aires.
Lo que puede desequilibrar el peso eventualmente es el tema del casco, porque una característica de los enanos actuales (a falta de información completa sobre los mesopotámicos, que dicho sea de paso, deben haber sido una delicia para el lanzamiento) es la cabeza de volumen enorme. Por eso hay algunos de cabeza media tan asediados por los lanzadores. Un lanzador profesional siempre lleva su propio enano para el que seguramente tendrá un moderno uniforme y una dieta severa.
El truco está en elevarlo con confort hasta la altura del pecho y nunca sobre la cabeza, e impulsarlo hacia adelante con la fuerza de la pierna izquierda, que se deja apoyada y desplazada hacia atrás para evitar lesiones lumbares. Además, de esta forma se previenen los accidentes como el triste y conocido caso de Midgetón & Johnny Templerley en Oklahoma, 1962.
El enano debe ser lanzado de forma frontal, es decir, que lo primero que toque el telón receptor o spiderweb, en el argot purista del Midget Tossing sea la parte de la barbilla y el abdómen. El telón evidentemente está hecho del material complementario a las tiras de velcro del trajecillo. El enano habilidoso sabe que debe desplegar sus miembros justo al llegar al telón de manera que aumente la superficie de adherencia. También debe saber que si abre sus piernecitas y bracitos antes de tiempo, entorpecerá su aerodinamia...y fatalement, caerá al suelo.
Cuando por fin, el espectador tiene el placer de observar a la figurilla en vuelo (personalmente me fascinan enfundados en un monito verde), la sensación es de vértigo y felicidad.
Ahí va, con su boca muy abierta al viento y los párpados apretadísimos mientras el deportista lo observa orgulloso, como un padre!
Y el cúlmen viene con el esperado aterrizaje en superficie vertical, apenas después de unos hermosos segundos de vuelo. Los más elegantes se despliegan como maripositas y quedan adheridos al primer contacto, giran su cabezón encasquetado y sonríen desde las alturas a su Aquiles, que se deja aplaudir con falsa modestia.
Algunos, con menos carisma o experiencia, se encogen al llegar y resbalan sobre sí mismos por el spiderweb desde arriba hasta el suelo, con éste ruido seco de adherir-despegar-adherir que hace el velcro, chas, chas, chas, vergonzosamente.
lunes, 6 de junio de 2011
Me gusto
Cuando recién me suelto el pelo después de haberlo tenido mordido horas por un caimán chino. Y entonces es rizado.
Cuando llevo la blusita de franela un poco underwear y se me ven los hombros famélicos.
Y me toco las clavículas.
Con los índices, simultáneamente.
Me gusta cómo me veo reflejada en el cristal cuando leo sentada en el sofá, me miro de reojo.
Me gustan mis piernas cuando llevo tacones muy altos. Me disfrazo y me encanto.
Me gusto cuando canto desentonada con los excesivos audífonos verdes, en el metro.
Y cuando conduzco fuera del límite de velocidad con una sóla mano (porque la otra la tengo escayolada).
Cuando bailo con los ojos cerrados, los abro y alguien se está burlando.
Cuando como con maneras de camionero en una mesa donde no hay más que amigas anoréxicas.
Me gusto porque no sé jugar al Paddel pero veo el fútbol apasionadamente.
Me gusto hablando en una reunión de señores todos, mayores todos.
Y cuando me revuelco con mi perro en el suelo y me rompe la nariz.
Un poco menos cuando estoy distante.
Y nada, pero nada, cuando lluevo.
Cuando llevo la blusita de franela un poco underwear y se me ven los hombros famélicos.
Y me toco las clavículas.
Con los índices, simultáneamente.
Me gusta cómo me veo reflejada en el cristal cuando leo sentada en el sofá, me miro de reojo.
Me gustan mis piernas cuando llevo tacones muy altos. Me disfrazo y me encanto.
Me gusto cuando canto desentonada con los excesivos audífonos verdes, en el metro.
Y cuando conduzco fuera del límite de velocidad con una sóla mano (porque la otra la tengo escayolada).
Cuando bailo con los ojos cerrados, los abro y alguien se está burlando.
Cuando como con maneras de camionero en una mesa donde no hay más que amigas anoréxicas.
Me gusto porque no sé jugar al Paddel pero veo el fútbol apasionadamente.
Me gusto hablando en una reunión de señores todos, mayores todos.
Y cuando me revuelco con mi perro en el suelo y me rompe la nariz.
Un poco menos cuando estoy distante.
Y nada, pero nada, cuando lluevo.
miércoles, 27 de abril de 2011
La moral
¿Darías a tu hijo de 6 años una cerveza sin alcohol (0%) si te la pide?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
Petits plaisirs
¿A alguien más le gusta que se le inflame ese pedacito de carne que está justo detrás de los incisivos superiores?
Un trocito de paladar de forma minifálica que se quema al morder una porción de pizza recién hecha.
Se hincha.
A veces se le desprende un poco de piel.
Sí, ese que se toca con la punta de la lengua cuando se curva ésta hacia arriba para tocar la parte posterior de los dientes.
Ah, los dulces dolorcillos para nosotros, masoquistas de poca monta.
Un trocito de paladar de forma minifálica que se quema al morder una porción de pizza recién hecha.
Se hincha.
A veces se le desprende un poco de piel.
Sí, ese que se toca con la punta de la lengua cuando se curva ésta hacia arriba para tocar la parte posterior de los dientes.
Ah, los dulces dolorcillos para nosotros, masoquistas de poca monta.
Más razones para ver fútbol
A friend of mine: " No le encuentro mucho sentido a ver 22 millonarios corriendo tras un balón..."
...hasta ahora no había considerado ese punto de vista.
...hasta ahora no había considerado ese punto de vista.
domingo, 24 de abril de 2011
Grande Zuleta
"Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito
original de habernos liberado del paraíso,
nuestro pecado es que anhelamos
constantemente regresar a él."
Me
No tengo constancia ni para un vicio.
¿Sueños? ...a borbotones.
El último viaja en un sobre-botella.
Alguien debe entender que la luz es cómo el agua.
¿Sueños? ...a borbotones.
El último viaja en un sobre-botella.
Alguien debe entender que la luz es cómo el agua.
Bolero
¿Y por qué justamente hoy buscas tu barra de carmín? En estos años, ni siquiera supe que tuvieras una. No la tendrías, la habrás comprado recientemente, como los zapatos demasiado altos y el resto de símbolos de tu emancipación.
Intentas camuflar la excitación de ir sin mí al teatro, por primera vez solitaria de mí, escoltada por tu cohorte de bohemios. Preguntas como quien no quiere la cosa, con una sonrisa en los labios pálidos, sin dar importancia a la posible respuesta: ¿no habrás visto mi barra de carmín?
Y dices “mi barra de carmín” dándole ese tinte de objeto evidente y único, como preguntar ¿has visto la nevera? o ¿dónde está el ventilador? Algo que realmente se echaría de menos en nuestro paisaje doméstico.
Aunque le hayas querido quitar importancia a tu búsqueda, reconozco que hasta disfruto viéndote disimular el disgusto de haber tenido que preguntarme. Te veo cruzar el pasillo, con el bolso abierto, hambriento de un par de pequeños objetos más que te darán la seguridad de que toda la noche estarás preciosa.
No, no la he visto, te respondo. Sonrío con la misma indiferencia fingida y continúo pretendiendo leer, cuando en realidad lo que hago es espiar tristemente mi vejez rampante por encima del lomo de mi libro: mis zapatillas de paño, muy marrones y mullidas, el absurdo pantalón de pana sobre la butaca de piel. Noto con intensidad cuánto he comenzado a apreciar al abrigo de las prendas ahora que el frío ya no está fuera, que lo llevo conmigo, que lo siento tan fuertemente como siento tu ráfaga de juventud, abriendo y cerrando cajones al fondo del corredor, buscando la esquiva barra, de estuche dorado y espejito cómplice para tus flirteos.
Y decides que has perdido la batalla y abandonas la búsqueda con un suspiro. Porque decides cosas antes de que la vida lo haga por ti. Por eso mismo has optado por envejecer, voluntariamente, comenzando por asesinar tu melena melosa, decantándote por ese estilo tan renegrido, tan Betty Boop.
Y te presiento hermosa ante los ojos de tus nuevas presas, que pastan entre el redil de devotos del cine polaco y salvadores de ballenas, a quienes me has presentado cien veces y de quienes soy incapaz de recordar un solo nombre, porque todos deberían llamarse Boris, todos iguales, todos patéticos y obvios como tú, ahora. Tú, que fumas desde que descubriste que un cigarrillo es el aliado perfecto de tu nueva pose fatal.
Al pensar que al salir del teatro se reunirán todos contigo, a comentar estupideces rimbombantes entre absenta y absenta, siento por ti un intenso desprecio, y por mí, por comenzar jugando a Pygmalion y terminar siendo ésta especie de Doctor Frankenstein.
Es entonces que siento la nostalgia más pura. Te recuerdo, corriendo tras un perro cualquiera, gritando incoherencias, cayendo de bruces en la playa. El glamour, jadeando detrás de ti para intentar recomponerte el pelo y sacudirte la arena, incapaz de darte captura. Era la época de los besos emparamados en litros de vino, la época en que presumías de un sabio amante, en que estabas tan entretenida descubriendo tu propio cuerpo, que ni te percatabas de las amenazas de la vejez en el mío, los dos desnudos, tú, deslumbrada, yo, feliz.
Echas un último vistazo en el espejo, tu cara de luna sin los labios encarnados que deseabas. Te veo ensayar una sonrisa final antes de venir a reclinarte sobre mi sillón a despedirte. Pero en un movimiento que no esperas, anticipándome a ti, me levanto y con la mano derecha te aso por la cintura para sentir de nuevo tu fragilidad de azúcar. Te beso despacio, digamos que levantando la veda a los amantes que han de venir.
Me miras, compasiva por la soledad que en que me dejarás al irte, me ves tan indefenso, sin sospechar en mi gesto algo de Judas. Mientras cierras suavemente la puerta, tu preciado carmín, que ha ido a parar no-sé-cómo a mi bolsillo, se retuerce caprichosamente entre los dedos de mi mano izquierda.
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