jueves, 28 de julio de 2011
Crónica de un concierto anunciado / la bondad de las casualidades.
El batir de las alas de una mariposa: ¡Mandar "Las mejores entradas" a la mierda para ir a danzar con el vulgo!
Entonces...
1: Me empuja con una teta (sí, con una teta) una señora (gorda), por mi pésima condición de advenediza que usurpa visibilidad, disculpas, único espacio libre, muevo alfil, media canción, el Guiness Boy a mi lado se ha carnehuesizado desde mi virtualidad, sonrío, hace 5 minutos le reclamaba en mi formato B sus comentarios planetarios sobre el concierto.
2: Mi diminutivo cariñoso, giro, cara conocida/nombre olvidado hace gestos amables, pienso: "no hay impunidad en la embriaguez anónima, siempre llegará un enviado de Belcebú en el futuro a hacerte recordar las barrabasadas que dijiste". Test, sí, se acuerda de todo, mierda.
3: El gentil caballero de buena memoria está con la gorda que me empujó, ahora se llama Ana y me da 2 besos.
4: Al ver de cerca al cantante, se me vuelven a ocurrir las barrabasadas mencionadas con anterioridad (y nuevas). Qué gusto ejercitar el morbo cerebral.
6. El ser fantástico que fuma a borbotones me acompaña también en ésta Cruzada.
5: La última canción del concierto es la primera que suena ésta mañana en mi coche en un shuffle de más de 600.
Las coincidencias imbéciles no solucionan la vida, pero son un boost para seguirla por pura curiosidad.
domingo, 24 de julio de 2011
Canción animal
ven con pasos sinuosos, cuadrupeando
nota tus garras, recuerda que las tienes para rasgar
cuéntame tu historia a punta de gruñidos
da vueltas sinuosas a mi alrededor
aterrorízame, hazme saber que matas para saciar tu hambre
sin pensar en el cachorro hincas tu colmillo en la carne tierna y palpitante
bosteza y mírame como jactándote de que correrías más rápido que yo
hazme saber que el cuerpo te pide comida y no amor
nota tus garras, recuerda que las tienes para rasgar
cuéntame tu historia a punta de gruñidos
da vueltas sinuosas a mi alrededor
aterrorízame, hazme saber que matas para saciar tu hambre
sin pensar en el cachorro hincas tu colmillo en la carne tierna y palpitante
bosteza y mírame como jactándote de que correrías más rápido que yo
hazme saber que el cuerpo te pide comida y no amor
domingo, 17 de julio de 2011
De ella.
La capacidad que tiene el mundo para sorprenderme es ya harapienta y a pesar de eso me parece tan curioso que pasados ya un par de años y despues de tanto subir y bajar trenes juntos, casi lo único que recuerdo de Clemenzia -y que hasta puedo decir que sigue enterneciéndome- es que nunca le importó despeinarse.
Es así, después de mujeres y mujeres en mi vida (las de antes, después y durante Clemenzia) su esencia podría resumirse en ese detalle.
Creo que no sólo no le importaba, juraría que se despeinaba a propósito.
Recuerdo casi con amor una fiesta en la que las personas que compartían nuestra mesa hablaban del sol y la Bolsa mientras ella, abstraída, degustaba con sus ojazos el adorno de flores del centro. Hubo un segundo en que ya le fue imposible contenerse y deslizó su mano de aire, veloz entre las copas, para capturar del florero las astromelias y las margaritas. Un momento después nuestros
acompañantes callaban perplejos y para mi deleite pude ver a Clemenzia con la totalidad de las flores enredadas de alguna manera entre sus falsos rizos de la noche, tan Midsummer night´s dream, tan ida a su galaxia. En la mesa sólo quedó un manojo de hierbajos y un puñado de insulsos atónitos. También la recuerdo riendo porque el viento del faro le elevó el carísimo sombrero por los aires, la recuerdo con la boca abierta mirando como el absurdo círculo verde daba tumbos en el cielo espantando a las gaviotas.
O saliendo del mar malpeinada por las olas...y como se quedaba el resto del día así, con unos mechones imposibles que no hacían caso a ninguna gravedad y que parecían señalar las mil direcciones de sus maniacas ideas.
Me parece que cuando la dejé, después de mucho llorar, recogió todo su pelo en un moño alto y repeinado, que estiró con tanta fuerza que sus ojos enrojecidos quedaron completamente achinados. Se miró al espejo y salíó como se sale en éstos casos, de un soberano portazo.
Recogerse el pelo debió ser como su mudanza.
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